Rusia no cede y la balanza de la guerra en Ucrania se decanta poco a poco hacia el lado de Moscú, al menos en el plano militar. Una prueba de ello es la ofensiva lanzada en las últimas horas sobre la ciudad de Odesa, de posición estratégica. Es la manera que tienen las fuerzas de Vladimir Putin de acorralar a Kiev, en un momento en el que el conflicto, ya congelado desde hace meses, se vuelve a endurecer mientras Volodimir Zelenski reclama más ayuda urgente a sus aliados; para las tropas rusas la clave ahora está siendo el ataque sobre infraestructuras críticas y a la vez se lleva por delante vidas de civiles.

«Como consecuencia del ataque con misiles rusos contra Odesa, han resultado dañadas infraestructuras civiles, en particular, almacenes de correos. El fuego está siendo extinguido. Las casas de los alrededores tienen las ventanas rotas. 14 personas han resultado heridas y un hombre ha sido hospitalizado en estado moderado», publicó esta madrugada el gobernador de Odesa, Oleg Kiper, en su canal de Telegram.

En ese sentido, aseguró que el resto de víctimas han sido atendidas sobre el terreno, y aprovechó para denunciar «otro crimen» cometido por los rusos contra la población civil. Nova Poshta, una empresa privada de correos y mensajería de Ucrania, informó asimismo de que un proyectil ha impactado en una de sus oficinas, si bien no ha habido que lamentar muertos o heridos entre sus trabajadores, según la agencia de noticias Unian. Por otro lado, cinco personas murieron y otras 30 resultaron heridas el lunes por otro ataque de las fuerzas rusas sobre varios edificios residenciales, así como infraestructura civil. El fiscal general de Ucrania, Andri Kostin, acusó a Rusia de usar bombas de racimo contra la ciudad. La semana, por tanto, está siendo trágica en la zona.

Ucrania, en ese escenario, ha podido responder. Y es que un ataque del Ejército ucraniano con drones causó una interrupción parcial del suministro eléctrico en la región rusa de Oriol, cerca de la frontera, tras causar daños en la infraestructura energética, tal como denunciaron las autoridades rusas. Con todo, la capacidad de Kiev está debilitada en los últimos meses, especialmente en lo que se refiere a la defensa antiaérea: un plano en el que el Gobierno de Zelenski se viene centrando para recibir más apoyo occidental.

En un momento delicado de la guerra el propio presidente ucraniano ha confirmado una conferencia que tendrá lugar durante los próximos 15 y 16 de junio en la ciudad de Burgenstock, en Suiza. Espera que sirva para hablar y sentar las bases de una futura paz «justa y duradera» en Ucrania. El mandatario, que ha trasladado una invitación a los jefes de Estado y Gobierno de países de todo el mundo, ha expresado que espera que la iniciativa sirva de «plataforma para abordar la forma de lograr la paz de acuerdo con la Carta de la ONU y el Derecho Internacional».

«La cumbre trata del respeto genuino por el Derecho Internacional y la coexistencia pacífica en todo el mundo. Estos valores comunes, destacados en la Carta de la ONU, protegen a todos los países de los ataques y la violencia. Por eso es nuestra responsabilidad protegerlos mediante una acción real y no solo con palabras», matizó Zelenski, mientras que las autoridades suizas han señalado que sin la participación de Rusia no podrá solucionarse el conflicto y han recalcado que Moscú «debe incorporarse» al proceso de paz, según un comunicado del Ministerio de Exteriores.

«La conferencia está llamada a dar comienzo al proceso de paz. Suiza está convencida de que Rusia debe está implicada en este proceso. El proceso de paz es inconcebible sin Rusia», ha aseverado antes de confirmar que Rusia aún no ha recibido invitación alguna para participar en el evento.

El foco sobre la invasión rusa no se quita por parte de las ONG y según HRW fuerzas rusas han ejecutado «a sangre fría» desde principios de diciembre al menos a 15 militares ucranianos que querían rendirse en el frente de combate y a otros seis más que ya se había entregado o estaban en proceso. Así, la organización ha reclamado una investigación a fondo de lo que considera crímenes de guerra.

HRW ha analizado imágenes captadas por drones y correspondientes al 2 y al 27 de diciembre y al 16, 19 y 25 de febrero. Aunque en algunos de los casos los expertos no han podido verificar la localización exacta de los hechos, sí que han constatado que las víctimas eran soldados que ya no participaban en combates y, por tanto, no debían ser considerados un objetivo pese a existir un conflicto armado.

Por otra parte, la Justicia de Rusia ha condenado este jueves a once años de prisión a un ciudadano ucraniano acusado de espiar para la Inteligencia ucraniana, a la que transmitía información sobre las posiciones del Ejército ruso en la región de Zaporiyia. La Inteligencia rusa ha señalado que el acusado trabajaba presuntamente para el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y había recabado información sobre las ubicaciones y movimientos de las unidades de las fuerzas rusas en la zona para poder así dirigir en mejor medida los ataques con misiles y artillería de Ucrania. «Como resultado de las acciones de investigación, se ha hallado documentación y material que confirma estas acusaciones», ha indicado la Inteligencia rusa en un comunicado.

Macron insiste: no hay que cerrarse a enviar tropas

En lo que se refiere a los aliados, Emmanuel Macron no se sale de la línea marcada desde hace tiempo por parte de Francia. El presidente galo ha vuelto a agitar este jueves la posibilidad de desplegar tropas en Ucrania, bajo la premisa de que «Rusia no puede ganar esta guerra» y de que los países aliados de Kiev deberán replantearse hasta dónde están dispuestos a llegar, tal como han hecho en otras ocasiones desde el inicio de la invasión. «Si los rusos rompen las líneas del frente, si hay una petición ucraniana tendríamos que plantearnos legítimamente la pregunta», ha expuesto el mandatario galo, durante una entrevista con The Economist. «No descarto nada porque nos enfrentamos a alguien que no descarta nada», ha alegado, en una alusión directa hacia Putin.

En este sentido, ha lamentado las «dudas» de los aliados a la hora de establecer «límites» y ha señalado que la «credibilidad» depende en gran medida de no dar plena visibilidad a lo que se está dispuesto a hacer o no. «De lo contrario, somos más débiles», ha advertido el presidente. Macron ha subrayado que está en juego la seguridad de Europa, ya que asume que, si Rusia logra sus objetivos en Ucrania, no cesará en su ambición expansionista y, además, la «credibilidad» de todos los países europeos quedará en entredicho. «Así que sí, no podemos descartar nada porque nuestro objetivo es que Rusia no pueda ganar en Ucrania», ha apostillado.

(Con información de 20minutos)